A La Patria (Emilio Jacinto)

Tengo problemas con el Katipunan, la sociedad secreta fundada por francmasones en 1892 para liberar Filipinas del gobierno colonial español. La historia general nos enseña que los Katipuneros eran patriotas, héroes que nos liberaron de la tiranía española. Pero he terminado con esa mentira. No estoy diciendo que, aunque francmasones, los Katipuneros eran malvados. Yo sé que muchos de ellos vivieron por un ideal — todos los revolucionarios/rebeldes lo hacen. Pero así lo hace la sociedad contra la que se rebelan. No es de extrañar que José Rizal nunca aprobara la rebelión de Katipunan: comprendió cuál ideal debía permanecer en pie.

Sin embargo, aunque no soy un seguidor de la rebelión tagala, soy un seguidor de la literatura, sobre todo de la literatura bien escrita. Arte por el bien del arte, como ellos dicen. Así que os presento un poema escrito por Emilio Jacinto (1875—1899), uno de los miembros más jóvenes y oficiales de más alto rango del Katipunan. Este poema titulado A La Patria fue dedicado a su patria chica, Filipinas. Se debe notar que durante el tiempo de Jacinto, el concepto de la patria significaba dos cosas: la patria grande y la patria chica. La patria grande inmediatamente se refiere a la Madre España. Por otro lado, la patria chica denota la localidad de uno: en el caso de Jacinto y sus compatriotas filipinos, es Filipinas. Pero en A La Patria que fue escrito el 8 de octubre de 1897 (de hecho, es su aniversario el día de hoy) bajo los cocoteros de Santa Cruz, La Laguna donde vivió como rebelde-refugiado, ya había declarado que su patria grande era Filipinas, “sin el yugo español”.

A los que han leído el Mi Último Adiós de Rizal, se puede notar fácilmente cuán similar es el poema de Jacinto con el del héroe nacional. El de Rizal fue escrito seis meses antes de que Jacinto escribiera el suyo. Ambos poemas están dedicados a Filipinas. Y están escritos en el estilo Alejandrino (verso de catorce sílabas métricas compuesto de dos hemistiquios de siete sílabas con acento en la tercera y decimotercera sílaba). Bueno, sin más preámbulos, os presento A La Patria por Emilio Jacinto.

Talambuhay ni Emilio Jacinto

Emilio Jacinto, el “Cerebro del Katipunan” (imagen: Bayaning Filipino).

A LA PATRIA
Emilio Jacinto

¡Salve, oh patria, que adoro, amor de mis amores,
que Natura de tantos tesoros prodigó;
vergel do son más suaves y gentiles las flores,
donde el alba se asoma con más bellos colores,
donde el poeta contempla delicias que soñó!

¡Salve, oh reina de encantos, Filipinas querida,
resplandeciente Venus, tierra amada y sin par:
región de luz, colores, poesía, fragancias, vida,
región de ricos frutos y de armonías, mecida
por la brisa y los dulces murmullos de la mar!

Preciosísima y blanca perla del mar de Oriente,
edén esplendoroso de refulgente sol:
yo te saludo ansioso, y adoración ardiente
te rinde el alma mía, que es su deseo vehemente
verte sin amarguras, sin el yugo español.

En medio de tus galas, gimes entre cadenas;
la libertad lo es todo y estás sin libertad;
para aliviar, oh patria, tu padecer, tus penas,
gustoso diera toda la sangre de mis venas,
durmiera como duermen tantos la eternidad.

El justo inalienable derecho que te asiste
palabra vana es sólo, sarcasmo, burla cruel;
la justicia es quimera para tu suerte triste;
esclava, y sin embargo ser reina mereciste;
goces das al verdugo que en cambio te dá hiel.

¿Y de qué sirve ¡ay, patria! triste, desventurada,
que sea límpido y puro tu cielo de zafir,
que tu luna se ostente con luz más argentada,
de que sirve, si en tanto lloras esclavizada,
si cuatro siglos hace que llevas de sufrir?

¿De que sirve que cubran tus campos tantas flores,
que en tus selvas se oiga al pájaro trinar,
si el aire que trasporta sus cantos, sus olores,
en alas también lleva quejidos y clamores
que el alma sobrecogen y al hombre hacen pensar?

¿De qué sirve que, perla de virginal pureza,
luzcas en tu blancura la riqueza oriental,
si toda tu hermosura, si toda tu belleza,
en mortíferos hierros de sin igual dureza
engastan los tiranos, gozándose en tu mal?

¿De qué sirve que asombre tu exuberante suelo,
produciendo sabrosos frutos y frutos mil,
si al fin cuanto cobija tu esplendoroso cielo
el hispano declara que es suyo y sin recelo
su derecho proclama con insolencia vil?

Mas el silencio acaba y la senil paciencia,
que la hora ya ha sonada de combatir por ti.
Para aplastar sin miedo, de frente, sin clemencia,
la sierpe que envenena tu mísera existencia,
arrastrando la muerte, nos tienes, patria, aquí.

La madre idolatrada, la esposa que adoramos,
el hijo que es pedazo de nuestro corazón,
por defender tu causa todo lo abandonamos:
esperanzas y amores, la dicha que anhelamos,
todos nuestros ensueños, toda nuestra ilusión.

Surgen de todas partes los héroes por encanto,
en sacro amor ardiendo, radiantes de virtud;
hasta morir no cejan, y espiran. Entre tanto
que fervientes pronuncian, patria, tu nombre santo;
su último aliento exhalan deseándote salud.

Y así, cual las estrellas del cielo numerosas,
por tí se sacrifican mil vidas sin dolor:
y al oir de los combates las cargas horrorosas
rogando porque vuelvan tus huestes victoriosas
oran niños, mujeres y ancianos con fervor.

Con saña que horroriza, indecibles torturas,–
porque tanto te amaron y desearon tu bien,–
cuantos mártires sufren; más en sus almas puras
te bendicen en medio de angustias y amarguras
y, si les dan la muerte, bendicente también.

No importa que sucumban a cientos, a millones,
tus hijos en lucha tremenda y desigual
y su preciosa sangre se vierta y forme mares:
no importa, si defienden a tí y a sus hogares,
si por luchar perecen, su destino fatal.

No importa que suframos destierros y prisiones,
tormentos infernales con salvaje furor;
ante el altar sagrado que en nuestras corazones
juntos te hemos alzado, sin mancha de pasiones,
juramentos te hicieron el alma y el honor.

Si al terminar la lucha con laureles de gloria
nuestra obra y sacrificios corona el triunfo al fin,
las edades futuras harán de tí memoria;
y reina de esplendores, sin manchas ya ni escoria,
te admirarán los pueblos del mundo en el confín.

Ya en tu cielo brillando el claro y nuevo día,
respirando venturas, amor y libertad,
de los que caído hubieren en la noche sombría
no te olvides, que aun bajo la humilde tumba fría
se sentirán felices por tu felicidad.

Pero si la victoria favorece al hispano
y adversa te es la suerte en la actual ocasión,
no importa: seguiremos llamándonos “hermano”,
que habrá libertadores mientras haya tirano,
la fé vivirá mientras palpite el corazón.

Y la labor penosa en la calma aparente
que al huracán precede y volverá a bramar,
con la tarea siguiendo más firme, más prudente,
provocará otra lucha aun más tenaz y ardiente
hasta que consigamos tus lágrimas secar.

¡Oh patria idolatrada, cuanto más afligida
y angustiada te vemos te amamos más y más:
no pierdas la esperanza; de la profunda herida
siempre brotará sangre, mientras tengamos vida,
nunca te olvidaremos: ¡jamás, jamás, jamás!

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Did Fernando Mª Guerrero just talk to me?

I just woke up about an hour ago, past 10 PM. I then went to one of my bookshelves, grabbed a collection of poetry by Fernando Mª Guerrero (1873-1929), opened up the book (titled Aves y Flores)… then lo and behold! Something strange just happened!

Watch my Facebook Live video here to find out why!

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Aves y Flores, a collection of poems by Fernando María Guerrero (Image: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes).

And to think that just a few weeks ago, I was wondering if he ever died as a Freemason or not. Incredible. What are the odds?

A La Virgen María (poema de José Rizal)

En conmemoración del Nacimiento de la Virgen María que cae el día de hoy, yo quisiera compartir este poema menos conocido por José Rizal, el más ilustre de todos los héroes nacionales filipinos. Un devoto mariano durante su juventud, Rizal escribió este poema —en realidad un soneto— a finales de 1876 mientras aún era estudiante en el Ateneo Municipal (hoy el Ateneo de Manila University) en Intramuros. ¡Entonces tenía 15 años de edad cuando escribió este poema divino!

A LA VIRGEN MARÍA
José Rizal

María, dulce paz, caro consuelo
De afligido mortal! eres la fuente
Do mana de socorro la corriente,
Que sin cesar fecunda nuestro suelo.

Desde tu solio, desde el alto cielo,
¡Oye piadosa mi clamor doliente!
Y cobije tu manto refulgente
Mi voz que sube con veloce vuelo

Eres mi Madre, plácida María;
Tú mi vida serás, mi fortaleza;
Tú en este fiero mar serás mi guía.

Si el vicio me persigue con fiereza,
Si la muerte me acosa en la agonía,
¡Socórrome, y disipa mi tristeza!

¡Feliz cumpleaños a nuestra Madre, la Bendita Virgen María!

Esta imagen es la más antigua conocida de la Virgen María, como ella sostiene a su divino Niño Jesús. Se encuentra en las Catacumbas de Priscila y fue datada del siglo II.