Hoy en la Historia de Filipinas: el nacimiento de Lorenzo Guerrero

Cuando hablamos de pintura filipina, las personas que vienen en la mente son Juan Luna, Félix Resurrección Hidalgo, y Fernando Amorsolo. Pero antes de estos nombres legendarios, la pintura filipina ya tenía un virtuoso en dicha forma de arte. Su nombre era Lorenzo Guerrero.

Lorenzo Guerrero

Lorenzo Guerrero,

Lorenzo Guerrero y Leogardo, nacido el 4 de noviembre de 1835 en el arrabal costero de Ermita que entonces lleno de tierras de cultivo, fue uno de los pocos maestros filipinos de pintura que florecieron durante la segunda mitad del siglo XIX. Perteneciente al famoso Clan Guerrero del dicho arrabal, Lorenzo fue el segundo de catorce hijos de León Jorge Guerrero y Clara Leogardo. Su padre era empleado del gobierno español en Filipinas como almacenero de la administración de rentas estancadas en el distrito de Pásig desde 1858 pero abandonó el servicio en lugar de jurar lealtad a la recién constituida República Española a partir del derrocamiento de la Reina Isabela II en 1868 durante La Gloriosa. Estudió latín en el Colegio de San José, y uno de sus primeros preceptores fue el Padre José Mª Guevara, un sacerdote filipino que luego fue deportado a las Marianas por supuesta complicidad en el Motín de Cavite en 1872.

Lorenzo se casó con Clemencia Ramírez en 1868. Tuvieron nueve hijos pero sólo tres alcanzaron la madurez. Eran: Manuel S. Guerrero quien se convirtió en médico; Fernando Mª Guerrero, considerado el «Príncipe de la Poesía Lírica Filipina», y; una hija llamada Araceli. Aunque ninguno de sus hijos ni nietos se convirtieron en pintores de renombre, dos de sus nietas (Evangelina Guerrero de Zacarías y Nilda Guerrero de Barranco, hijas de Fernando) se convirtieron en poetisas conocidas, continuando así el genio artístico de su lado del clan Guerrero.

Guerrero dejó algunas obras de valor perdurable y uno puede ver que su pincel tocó principalmente sobre temas estrictamente religiosos y escenas que representan la vida y las costumbres nativas. Sus bellas ilustraciones en la Flora de Filipinas del padre Manuel Blanco (Manila, 1877) serán recordadas. De las 253 placas firmadas (laminas) de la Flora de Filipinas, 35 fueron suyas. Sus dibujos tienen una individualidad propia y se distinguen por una gran precisión de detalle. Durante la guerra filipino-estadounidense, se le encomendó realizar diseños para los jefes y el uniforme del ejército revolucionario. También tuvo ocasión de dibujar plantas para su hermano, el Dr. León Mª Guerrero (el «Padre de la Botánica Filipina»). De sus pinturas sólo unos pocos han sobrevivido. Muchos fueron hechos a pedido y enviados al exterior; otros alojados en iglesias fueron quemados. Un número que permanece se encuentra en colecciones privadas y en unas iglesias de Manila.

Murió repentinamente de asma aguda el 8 de abril de 1904. El cortejo del día siguiente fue extraordinariamente largo e incluyó a muchos de sus alumnos. Fue enterrado en el cementerio de Pacò, pero más tarde sus restos fueron trasladados a la antigua iglesia de Ermita (ahora conocido como el Santuario Arquidiocesano de Nuestra Señora de Guía), en la esquina noroeste debajo del coro.

Lorenzo tuvo muchos estudiantes que también se hicieron famosos artistas. Escribiendo sobre Luna, José Rizal, el principal héroe filipino, escribió que había aprendido el arte de Lorenzo que era “un maestro que se ha formado casi por sí solo.”

Este cuadro, dado el título inglés “At River’s Bend” (en el meandro), es una muestra del ingenio de Guerrero. Fue subastado recientemente por el León Gallery.

*  E * L * F * I * L * I * P * I * N * I * S * M * O *

CULTURA GENERAL: El Dr. León María, hermano de Lorenzo, fue el padre del Dr. Alfredo León Guerrero. Alfredo se casó con Filomena Francisco, la primera farmacéutica filipina. Dos de los tres niños de Alfredo y Filomena se hicieron famosos nacionalistas: León María Guerrero se convirtió en diplomático mientras que Carmen, quien estaba casada con un sobrinonieto de Rizal, se convirtió en escritora nacionalista. Una de las hijas de Carmen, Gemma Cruz de Araneta se convirtió en la primera reina de belleza internacional del país. Gemma es también la madrina de mi hija menor Junífera Clarita. 😊
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Hoy en la Historia de Filipinas: el nacimiento de Antonio Luna

Hoy conmemoramos el aniversario de nacimiento de Antonio Luna, general del ejército filipino en la Guerra Filipino-Estadounidense (1899-1904). También fue farmacéutico, científico, escritor, y fundador de la primera academia militar de Filipinas (se puede considerar como el precursor del Philippine Military Academy). Ya que hoy es su cumpleaños, considero apropiado y oportuno volver a publicar una biografía suya en español que apareció en el libro de texto Biographies of Filipino Heroes (Textbook for Spanish 4 N) por Josefina O. Ignacio que solía ser profesora de español en el Philippine College of Commerce, ahora conocido como el Polytechnic University of the Philippines. El dicho libro de texto fue publicado y distribuido por Webster School & Office Supplies en Manila en 1976. Ya no está en uso en ninguna escuela hoy, así que pensé en rescatarlo de olvido (empecé con esta tarea con el cumpleaños de Apolinario Mabini hace tres meses). El título del libro está en inglés pero el contenido está en español.

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ANTONIO LUNA
El Famoso Batallador
29 de octubre de 1866 — 5 de junio de 1899

BIOGRAFÍA

El General Antonio Luna nació en Manila en una casa de la calle de Urbiztondo No. 8431, el día 29 de octubre en 1868. Antonio Luna era el menor de los siete hijos de Joaquín Luna de San Pedro y Laureana Novicio, hermano de Juan Luna, el Laureado Pintor.

A la edad de seis años, empezó aprender las primeras letras del Maestro Intong. Ingresó en el Ateneo de Manila. A medida que iba avanzando en sus estudios demostraba su profunda afición a la literatura y la química. Presentaba indicios literarios escribiendo preciosas poesías y entres ellas un álbum de sentidos versos dedicados a varias colegialas de la Concordia y que se titula “Las Estrellas del Cielo”.

Era el estudiante mas asiduo y visitaba más frecuente de la biblioteca y del laboratorio. Terminó su bacillerato en el Ateneo el 1880-1881.

Su inclinación a los estudios de química se manifestó más como vocación. Estudiaba la farmacía en la Universidad de Santo Tomás, a la edad de 19 años.

SU CARÁCTER DE NIÑO

Aunque por sus travesuras se lastimaba, nunca lloraba ni se quejaba. En 1885 por invitación de su hermano, el pintor Juan Luna, pasó a España para continuar el estudio de la farmacia, licenciandose en este ramo de saber en la Universidad Central de Madrid en 1890. El doctor Antonio Luna volvió a Filipinas como comisionado por el gobierno de España para hacer estudio bacteriológicos de las enfermedades contagiosas.

SUS CONTRIBUCIONES A LA CAUSA FILIPINA

Ya en Filipinas Antonio Luna fué designado en diciembre de 1895 como químico del laboratorio municipal de la ciudad de Manila. Luna, activo patriótico y llena de pundonor, hizo trabajos de mucho méritas comprobados en documentos oficiales. Al estallar la revolución con el grupo separatista, de Andrés Bonifacio, pues era tan sólo reformista. Fue sospechado filibustero y a consecuencia de esta sospecha fue detenido y enviado a España en febrero de 1897, como desterrado política. Más tarde fué puesto en libertad Luna pasó a España a Gantes, a Bélgica y a Alemania donde perfeccionó sus conocimientos militaristas. Volvió a Filipinas el 2 de junio del año 1898 el tiempo que se proclamaba en Cavite la separación política de Filipinas del gobierno con grado de General de Brigada.

Lo primero que hizo Luna era crear una academia militar para instruir y preparar convenientemente a la oficialidad del ejército. Después de asistir en varios hechos de armas con activación brilliante fué ascendido a General de Brigada.

Luna se opusó a la rendición a los americanos y se hizo enemigo de varios miembros del gabinete como Paterno, Buencamino, y otros puestos que Luna consideraba como señal de cobardía la proposición de Aguinaldo y de algunos miembros del gabinete de tener paz con los americanos.

El 7 de junio 1899 durante el apogeo de la guerra filipino americana Luna con su edecán Francisco Román fueron a Cabanatúan, Nueva Écija para conferenciar con Aguinaldo. Aguinaldo no estaba y mientras bajaba la escalera del convento de Cabanatúan un soldado de las guardias llamaba Pedro Castilla le fusiló cayendose Luna y Román muerto el 7 de junio de 1899.

El General Español Antonio de los Ríos decía de él, “Su derramada sangre ha borrado la breve historia militar de Filipinas”. Como escritor Juan Villamor decía esto: “Él pertenece a la categoría de un apóstol, un ferviente propagandista con la capacidad y virtudes de su raza”.

De su periódico “La Independencia” el mismo Villamor tenía esto que decir “Era una poderosa luz eléctrica en una oscura noche, iluminado la confusión a fin de mitigar, los ultrajes de una armada revolución deseosa la libertad para el beneficio de la humanidad y de la cultura.

Su nombre de pluma era Tagailog. Sus obras El Siglo Médico, La Farmacia Española en Filipinas y La Ilustración Filipina.

Filipinas, España: more than friendship

Today, June 30, marks the fifteenth time that we celebrate the annual “Día de la Amistad Hispano-Filipina” or Philippine–Spanish Friendship Day. Former Senator Edgardo Angara, a Hispanista, sponsored the bill which later on became known as Republic Act No. 9187 (An Act Declaring June 30 of the Year as Philippine–Spanish Friendship Day) which was approved on 5 February 2003. As stated in section 1 of the said law, the aim of the celebration was to “strengthen the relationship between the Philippines and countries with which it has shared history, values and traditions.” In this case, Spain —the country that, as observed by National Artist Nick Joaquín, gave Filipinos “the basic form, the temper, the physiognomy,”— was a good choice especially since it is that country alone that “did give birth to us — as a nation, as an historical people”.

Continued Joaquín: “This geographical unit of numberless islands called the Philippines — this mystical unit of numberless tongues, bloods and cultures called a Filipino — was begotten of Spain, is a Spanish creation.”

June 30 was chosen since it was a historic event that put that friendship to a test. On that day, then President Emilio Aguinaldo commended the few remaining Spanish soldiers who were holed up for almost a year inside the Iglesia de San Luis Obispo in Baler, Tayabas (now a part of the province of Aurora which used to be a territory of Tayabas) for their loyalty and gallantry in battle. After their defeat, instead of arresting or even executing them, Aguinaldo sent them home. They were accorded safe passage to Manila en route to their return voyage to Spain. To mark this memorable event in our history, Angara thought of a national holiday to give honor to the act of benevolence which has paved the way in bridging better relations between Filipinas and the former mother country.

But I respectfully question the use of the term “friendship” because Filipinas and España were more than friends. They are in fact blood relations by virtue of history, faith, and cultural dissemination of which our country benefited from, not the other way around. Spain never became wealthy at our expense. And throughout Filipino Literature, Spain has been immortalized and personified as our mother. As already shown earlier, no less than Joaquín, the greatest writer and Filipino thinker our country has ever produced, expounded on this subject. “For three and a half centuries we lay within the womb of Spain”, wrote Joaquín.

In his narrative poem Filipinas a España, Manuel Bernabé (1890—1960), a well-known littérateur, academician, Premio Zóbel awardee (he won the prize twice: in 1924 and 1926), and politician from Parañaque (former Mayor Florencio M. Bernabe, Jr. is a descendant of his), described the motherly bond that Spain had with our country:

¡La dulce Hija, postrándose de hinojos,
dice a la Madre, a tiempo que sus ojos
leve cendal de lágrimas empaña:
—Dios ha impuesto el término del plazo,
y ya es la hora de romper el lazo
que nos unió tres siglos, Madre España!

The sweet daughter (“La dulce Hija“) referred to in this poem is Filipinas; the mother is already conspicuously addressed. Although the poem may have started on a sour note (“ya es la hora de romper el lazo que nos unió tres siglos” refers to the Tagálog rebellion of 1896), Bernabé extolled the deep love between mother and child —Spain and Filipinas— through the centuries, and even longed for that love to return: “En el curso del tiempo desenvuelto, / tú, España, volverás. ¿Qué amor no ha vuelto / presa en la red del propio bien perdido?” Bernabé ended his masterpiece by giving eternal praise to Mother Spain: “¡Gloria a la Madre España en Filipinas! / ¡Loor eterno a ti! Tú, no me olvides.”

Jesús Balmori (1887—1948), famous for his poetic jousts with Bernabé and for his prize-winning poems, including a Premio Zóbel in 1926 in which he was tied with his rival, described an even deeper bond between Mother Spain and her daughter Filipinas in his poem Canto A España: “¡Oh, España! ¡Porque en tu alma nos enlazas, / que te troven su amor todas las razas!

In an effort to rally the campaign for independence from the US imperialists, Rafaél Palma (1874—1939), the fourth President of the University of the Philippines, one of José Rizal’s early biographers, and elder brother of poet José Palma (the one who wrote the immortal poem Filipinas which eventually became the lyrics of our national anthem) wrote an essay that was published in 1900 which underlined the profound influence Spain had in our country in spite of the glaring presence of US troops all over the archipelago. In that essay entitled El Alma De España, Palma went as far as to say that Spain’s blood has been transfused into our veins. We merely took away from her her queenly cape so as to metaphorically use for a merry banquet to celebrate of our freedom:

Se nos ha trasvasado en las venas la sangre de aquella España decadente que nosotros despojamos aquí con un supremo de esfuerzo de ira, de su ancho manto de reina para tendernos sobre él a disfrutar del anchorozado festín de la libertad.

Realizing the debt of gratitude that we have towards Spain, the great Fernando Mª Guerrero (1873—1929), “el Príncipe de la poesía lírica filipina” (Prince of Filipino lyric poetry), wrote a laudatory poem entitled A Hispania.

¡Oh, noble Hispania! Este día
es para ti mi canción,
canción que viene de lejos
como eco de antiguo amor,
temblorosa, palpitante
y olorosa a tradición…

Guerrero’s daughters, themselves accomplished poets, also personified Spain as our mother. Like their illustrious father, Evangelina Guerrero de Zacarías (1904—1949) also wrote a laudatory poem to Spain entitled A España (“veinte naciones bravas, en concierto armonioso, / con los brazos del alma tus playas buscarán”) while her sister Nilda Guerrero de Barranca wrote ¡España, Madre Mía! (“Noble España, madre mía Desde estos mis patrias lares brindo a tu santa hidalguía la oración de mis altares.“).

In A España, Emeterio Barcelón y Barceló-Soriano (1897—1978), another internationally acclaimed poet in the Hispanic world, described Filipinas as a confused daughter who taught that she was enslaved by her own mother. But upon departure, Mother Spain made it known to her daughter Filipinas that she was leaving everything behind for her:

La hija se emancipó; sintióse esclava
de su madre que, al irse, le decía:
“Ahí te dejo entera el alma mía”
Y su habla y religión aquí dejaba.

When it comes to Rizal, our country’s most acclaimed national hero, there is a different take on how our country was referred to. In the first stanza of José Rizal’s famous A La Juventud Filipina, the word patria alluded to is Filipinas, not Spain:

¡Alza tu tersa frente,
juventud filipina, en este día!
¡Luce resplandeciente
tu rica gallardía,
bella esperanza de la patria mía!

It should be noted that during Rizal’s time, the concept of patria meant two things: the patria chica and the patria grande. The patria grande immediately refers to Mother Spain. On the other hand, the patria chica denotes one’s locality: this may refer to the barrio, province, or region of one’s birth. For example: the Basques, the Valencians, the Catalans, etc. all considered their respective provinces/regions as their patria chica. The Mexicans, Peruvians, Filipinos, etc. all considered their respective overseas provinces as their patria chica. But for all of them, there was only one patria grande — Spain.

How then do we know that the patria in this poem referred to Filipinas and not Spain? The answer is in the final line of the fourth stanza:

Ve que en la ardiente zona
do moraron las sombras, el hispano
esplendente corona,
con pía y sabia mano,
ofrece al hijo de este suelo indiano.

“Suelo indiano“, or native soil, is self explanatory. Nevertheless, the fourth line of the same stanza refer to the Spanish friars, those indomitable warriors of Spain, who were in charge not only of the Filipinos’ spiritual matters but also took care of their education and well-being. The “pía y sabia mano” (pious and learned hand) refer to the Spanish friars. And to those with an ear for history, it is easy to catch Rizal’s allusion to the escuelas pías, our country’s first public schools (it is not true that the US introduced public schooling to our shores). One such escuela pía, located within the walled city of Intramuros, even became the forerunner of the Ateneo Municipal, the hero’s alma mater which is now known as the Ateneo de Manila University.

While Rizal’s patria in this poem may point solely to his patria chica, i.e., Filipinas, it should be noted that his patria grande was not left out. In the final stanza of A La Juventud Filipina, Rizal used a common nickname for Spain, particularly its monarchy, during those days — Potente which means powerful. Here Spain was described as sincerely desiring the happiness  and comfort of Filipinas:

¡Día, día felice,
Filipinas gentil, para tu suelo!
Al Potente bendice,
que con amante anhelo
la ventura te envía y el consuelo.

 

And in his homage to Juan Luna and Félix Resurrección Hidalgo for having won international recognition for their paintings, Rizal called Spain point blank as our mother:

“Si la madre enseña al hijo su idioma para comprender sus alegrías, sus necesidades o dolores, España, como madre, enseña también a Filipinas…”

Even our bards in Tagálog were aware of Spain’s status as our mother country, as evidenced by poet Hermenegildo Flores’s Ang Hibic ng Filipinas sa Inang España (Filipinas’ Lament to Mother Spain). In this poem, Filipinas was speaking as an oppressed daughter, complaining and appealing to Mother Spain to get rid of those whom the poet, being a propagandista, believed were the cause of his patria chica’s deprivations: the friars.

España y Filipinas by Juan Luna (oil on canvas, 1886). Even in the visual arts, the deep regard that our forefathers had for Spain as a mother was not wanting.

I could go on and on with several other Filipino greats who all paid their respects to Mother Spain in spite of the Tagálog rebellion of 1896. But the point is this: whatever the results of that rebellion, we have to get rid of this warped view that Spain, or España, was merely a former colonizer, and that España is now just a friend. We were never colonized. Before the Spaniards arrived, there was no Filipinas yet. It was they who made us into becoming the three-stars-and-a-sun-loving people that we are today (Luzón, Visayas, and Mindanáo wouldn’t have been united if not for the Spanish advent). Between España and Filipinas lies a much more deeper bond than international relations, something that is beyond friendship. As has been clearly sung by our time-honored artists (“the antenna of the race”, said Ezra Pound), España is our Mother, not just a friend. Ella es sangre de nuestra sangre y carne de nuestra carne.