The secret of my name

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I. THE STORY BEHIND THE GIVING OF MY NAME

My real name is José Mario Alas y Soriano, but like everybody else, I prefer using my nickname Pepe. Pepe is a nickname for José, and I have zero idea as to why.

When I was born 38 years ago today, my parents were to give me the name Jomar. It was a portmanteau of Jo, taken from my father’s name Josefino, and mar from María Teresita, my mother. But my paternal grandmother (my father’s mother) interfered and suggested that I just be baptized as José Mario. I do not know my abuela‘s reason why she chose that name for me. I was thinking, perhaps, that she found the name Jomar odd since she comes from a Hispanic background. Her name, as well as the names of her parents, siblings, husband, and children were all in Spanish. Jomar just didn’t fit right.

Looking back, I am thankful that my beloved grandmother (que descanse en paz) did interfer. Jomar ended up as a childhood nickname which I dumped later on when I started to become conscious of my Filipino Identity (close friends and relatives still call me Jomar, though). Another nickname of mine, Mómay, didn’t survive that long. It was how I was called by my mother’s family members when I was still a baby. Mómay eventually became the nickname of my eldest son, José Mario Guillermo II Alas.

When I got older, I realized that my grandmother named me after the earthly and saintly parents of our Lord and Savior Jesus Christ. Perhaps in the hopes that she’d get to have a saintly grandson? 😇

II. THE MEANING/S (ALL THE POSSIBILITIES) OF MY NAME

To what I’ve gathered, José was derived from the name Joseph which originated from the Hebrews (יוֹסֵף). It means “the Lord shall add” or “the Lord gives”. On the other hand, Mario was derived from the Latin name Marius which in turn gave birth to the variant feminine name Mary. In Hebrew (מרי), Mary means “bitter” or “bitterness”.

My middle name Soriano pertains to Soria, a province and city of Spain or its inhabitants. Soriano, therefore, means someone who is from Soria.

My surname Alas is Spanish for wings. But for the indigenous Filipinos (Tagálog, Bicolano, Cebuano, etc.), they use Alas for playing cards (pronounced as /aˈlas/). Finally, in the English-speaking world, Alas means an expression of great grief, anxiety, and the like.

III. ONE OR TWO FAMOUS PERSONAGES WITH WHOM I SHARE MY NAME

Propagandist José Mª Pañganiban, singer José Mari Chan, and Mexican politician José Mario Wong are the famous names that I share my name with and the only ones I could think of.

IV. CREATIVE COMBINATIONS/RECOMBINATIONS OF THE MEANINGS OF MY NAME

José Mario: the Lord shall add bitterness.
José Mario Alas: the Lord shall add bitterness which will cause great grief, pain, anxiety, and sorrow.
José Mario Alas: the Lord shall add winged bitterness.

Based on my 1996 essay “The Secret of My Name” as partial fulfilment of the requirements to pass the subject Philosophy of Man under Michael Ian Lomongo.

Darío Villanueva: ¿nueva esperanza para la Academia Filipina?

Esta semana (del 4 al 8), Darío Villanueva, el director del Real Academia Española (RAE) y presidente de la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE), participará en diversos actos académicos y culturales incluyendo un foro esta tarde en el Instituto de Cervantes de Manila donde hablará sobre el presente y futuro de la lengua española en el mundo.

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Villanueva también realizará una visita institucional a la Academia Filipina de la Lengua Española, la institución estatal más vieja en Filipinas cuya responsabilidad es CUSTODIAR, DIFUNDIR, y ENALTECER el idioma español en el país. Estoy entusiasmado con su visita porque ya es hora de que se entere de los problemas que ha estado afrontando la Academia Filipina durante años. Y espero que se entere.

Como admirador y simpatizante de la Academia Filipina, yo creé una página de Facebook en su honor y para que sus miembros actuales que están activos en Facebook continuen los mencionados tres deberes. El motivo es para que esta institución tenga un papel MÁS ACTIVO en traer de vuelta este idioma como una lengua nacional y/u oficial de Filipinas, como solía ser. La Academia Filipina ha sido en existencia desde 1924 y tiene en su lista nombres ilustrísimos como Macario Adriático, Fernando Mª Guerrero, Claro M. Recto, Epifanio de los Santos, y Antonio Abad entre muchos otros.

Excluyéndome, esa página de Facebook estaba destinada exclusivamente a los miembros de la Academia Filipina.

El logotipo original de la Academia Filipina de la Lengua Española.

Durante sus primeros años, la Academia Filipina funcionó como una verdadera académica. Los académicos hicieron la tarea de estudiar los “filipinismos” (o palabras nativas hispanizadas) para su inclusión en el Diccionario de la Lengua Española, fundar una biblioteca para servicio propio, y designar delegados en diversas partes del país. De hecho, estos académicos filipinos del pasado eran las contrapartes (o correspondientes) de los miembros de la RAE cuyo deber es LIMPIAR, FIJAR, y DAR ESPLENDOR al idioma español. Se reunían regularmente e incluso publicaban un boletín académico, el “Boletín de la Academia Filipina”.

Lamentablemente, la Academia Filipina de hoy ya no es la Academia Filipina que yo solía conocer. La razón principal es, según una fuente confiable, un caballero español se ha convertido en un presidente honorario y parece ser el “titiritero” que dirige la actual encarnación de la Academia Filipina. Digo “actual encarnación” porque, como he comentado, la Academia Filipina de hoy, que lleva “Inc.” (o incorporado) en su nombre, ya no es la Academia Filipina de antes. Si la Academia Filipina de los años pasados funciona como una verdadera academia que custodia, difunde, y enaltece este “idioma de los ángeles” y de muchas maneras limpia, fija, y da esplendor a ello, ya existe como un mero club social que ha sido aceptando miembros que, según mi fuente, no saben español. Y peor… ¡por una cuota!

Es más, mi fuente me informa que este caballero español se convirtió en miembro de la Academia Filipina cuando plagió una tesis escrita por un tal John Lent, un escritor norteamericano (es que para ser aceptado en la Academia Filipina, uno tiene que escribir y leer una tesis académica o discurso de ingreso a los miembros mayores que decidirán si el solicitante es apto para convertirse en miembro o no). Espero fervientemente que esto sea sólo una habladuría. Sin embargo, según lo que he estado escuchando, su afiliación ilícita a la Academia Filipina ya es un saber popular entre muchos académicos filipinos.

Pero a principios de este año, recibí un mensaje privado del presidente actual de la Academia Filipina diciéndome que yo borre la página de Facebook de la Academia Filipina “por varias razones” y que no la autoriza su existencia. Es triste porque al crear de esa página hace muchos meses yo le agregué y le instalé como un administrador. Agregué también los otros miembros de la Academia Filipina que tienen cuentas en Facebook con la esperanza de que puedan continuar en línea la herencia del Boletín de la Academia Filipina (porque ya no se publica). Y durante los principios meses de su existencia, este presidente no se quejó a mí sobre la existencia de esta página. De hecho, él estaba contribuyendo a ella, incluso saludó a sus miembros la Navidad pasada.

Entonces, ¿por qué me ordenó detener esta página sólo ahora? Con certeza, algo no está bien aquí.

También me di cuenta de que este presidente actual ya se ha quitó de la página, y no sólo a sí mismo sino a los demás académicos. Y cuando rechazé a eliminar la página, me bloqueó.

Y hablando de los otros académicos, he estado observando sus actividades en línea. En sus respectivas cuentas de Facebook, por ejemplo, rara vez promueven el idioma español como lengua filipina, y siempre publican en inglés. Muchos de estos académicos son políglotos y me parece que son meramente “amantes de lenguas”. Dudo si creen que el español debe ser considerado como un idioma filipino. Pero espero que me equivoque.

En comparación, hay otros filipinos en las redes sociales que promueven el idioma español incluso si no son miembros de la Academia Filipina. Un buen ejemplo es el historiador José Mª Bonifacio Escoda, hijo del académico Ramón Escoda (1901—1967), que comparte muchas lecciones interesantes de español en su cuenta de Facebook.

Y está también mi amigo Arnaldo Arnáiz. No sabe mucho español pero sigue promoviendo su importancia para los filipinos en su bitácora With One’s Past. Lo que Escoda y Arnáiz están haciendo es el mérito de un verdadero académico filipino.

En visto de lo anterior, decidí no borrar la página de Facebook de la Academia Filipina. Desde entonces, he estado aceptando a cualquier persona, filipino o no filipino, que tenga una pasión por traer de vuelta el idioma español en Filipinas así como aquellos que lo custodiarán, difundirán, y enaltecerán. Después de todo, me parece que no todos los que están en la Academia Filipina son verdaderos académicos.

Espero fervientemente que Darío Villanueva pueda resolver esta polémica de una vez por todas.