La Inmaculada Concepción en la Historia de Filipinas

 

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“La Inmaculada de los Venerables”, óleo sobre lienzo por Bartolomé Esteban Murillo (1678).

Hoy el mundo cristiano celebra la Fiesta de la Inmaculada Concepción. Es un artículo de fe del Catolicismo, la religión de innumerables personas del mundo hispano. El dicho dogma dice que María fue eligida por el Señor Dios (como anunciado por el Arcángel Gabriel) ser la madre de su único hijo, Jesucristo, el salvador del mundo y la segunda persona del Dios Trino. María no fue alcanzada por el pecado original sino que, desde el primer instante de su concepción, estuvo libre de todo pecado.

¿Sabían que, aunque la Fiesta de la Inmaculada Concepción fue declarada como un dogma Católico Romano el 8 de diciembre de 1954, la devoción a la Inmaculada Concepción ya estaba extendido en España? ¡Y la misma devoción hasta llegó a las Islas Filipinas en el siglo 16!

La Basílica Menor y Catedral Metropolitana de la Inmaculada Concepción, ampliamente conocido como Manila Cathedral o Catedral de Manila, fue consagrada a la Inmaculada Concepción en 1571 (todavía no era una basílica en aquel entonces). Diez días después, cuando la iglesia fue reconstruido, la diócesis hizo Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción como su santa patrona.

La fiesta de la Inmaculada Concepción es un Día Santo de Obligación.

Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción, santa patrona de Filipinas, ruega por nosotros.

PEPE ALAS

Basílica Menor y Catedral Metropolitana de la Inmaculada Concepción en la ciudad murada de Intramuros.

 

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Hoy en la Historia de Filipinas: la muerte del General Gregorio del Pilar

HOY EN LA HISTORIA DE FILIPINAS: 2 de diciembre de 1899 — Gregorio del Pilar, uno de los generales más jóvenes del ejército revolucionario filipino contra los invasores estadounidenses, fue asesinado mientras defendía el Paso de Tírad en Monte Tírad (en Cervantes, Ilocos Sur) Tenía 24 años. Se le asignó defender el paso con sólo 60 soldados mientras su enemigo numerado a más de 300. Su muerte fue presenciada y registrada por uno de sus soldados, Telesforo Carrasco, un español.

Una escena de la película “Goyo: Ang Batang Heneral” que representa a los soldados filipinos en Paso de Tírad. Foto cortesía de TBA Studios.

…divisamos a los Americanos a distancia de unos 15 metros que subían arriba, rompiendo este seguido el fuego los Soldados. Como el General no veía el enemigo por causa del cogon, mando alto el fuego; en este momento yo le alargaba la tercerola y le llamaba la atención de que los Americanos dirijían a él sus tiros y que se agachase pues su vida peligraba y en este momento recibió un balazo en el pescueso le produjo una muerte instantánea: también yo recibí un balazo en el sombrero que no me ocasionó daños algunos. Al ver los Soldados que el General había muerto se pusieron de pie en ademán de correr, pero yo les detuve apuntando con la tercerola y diciéndoles que al primero que corriera le levantaba la tapa de los sesos por lo que volvieron a romper el fuego, mientras se retiraba el cadáver del General a la segunda trinchera.

Whatever happened to Filipino dignity?

I don’t post stuff like this, but this is too much. It made my blood really boil!

This shameful video went viral a few days ago. It’s about a Turkish national, later identified to be a certain Yuksel Ibrahim, disrespecting a traffic enforcer along Buendía Avenue in San Pedro Macati (Makati City). For sure, he made a traffic violation, the reason he was flagged down (it was later discovered that he was driving without a license). But he refused to budge, resisted arrest. As can be seen on this video, the Turk even laid his hands on the traffic enforcer (reports say his name is Michael Orcino) and shoved his motorcycle down to the concrete pavement.

It is unthinkable for Filipinos to behave in such a way in other countries, especially in Muslim land. We are very obedient, polite, and law-abiding overseas. Why let foreigners behave like this in our own native land? What’s infuriating about this video is that there are lots of Filipinos around, but they couldn’t put a stop to this imbecilic Turk. Filipinos swallow their dignity and pride in other countries. Why do the same in our own native land?! This is too much!

Yuksel Ibrahim is an Arabic name. He is most probably Muslim. And he’s going for lost in a Catholic country! Could you imagine a Catholic doing the same in a Muslim country?

But the Filipinos seen in this video (including Orcino) are, to my eyes, not true Filipinos. I call them “Bobong Pinóy“. They’re no longer the true Filipinos in the mold of José Rizal, Marcelo del Pilar, Apolinario Mabini, Claro M. Recto, etc. These are the moronic cowards who grew up speaking in Taglish, Anglo-Saxonized (Americanized) to the core, lapsed Catholics who attend only the Novus Ordo (and whenever they feel like it), and who enjoy teleseryes, Pinoy Big Brother, and other TV garbage from sunrise to sunset as if they have become part of their very existence.

A long time ago in Madrid, a hot-tempered Antonio Luna slapped, spat at, and challenged Mir Deas, a Spanish journalist, to a duel when the latter made insults to the former (Mir Deas even mistook Antonio for his brother Juan the painter). And to think that Antonio wasn’t even in Filipinas. A long time ago in Mindanáo, Filipinos (to say “Christian Filipino” during that time was redundant; Filipino was enough) under Governor-General Juan Antonio de Urbiztondo routed pesky Muslim pirates in Joló and other parts (Rizal even wrote a poem about it). Whatever happened to Filipino dignity? Has it gone yellow because of too much acquiescence to both Chinese and US imperialism? Perhaps other countries already noticed this softening of the once mighty Filipino spirit. No wonder they disrespect us. No wonder they ship containers filled with garbage to our ports.

So don’t blame me if I approved of that beating those imperious Aussie cagers got from Gilas Pilipinas several months ago. Don’t blame me if I cheered when Mayor Herbert Bautista slapped an arrogant Chinese drug dealer twice on national TV years ago.

If only I were there in Buendía, I swear, I would have bloodied this Turk’s face and destroyed his car. I would have even cursed at the traffic enforcer for cowardice. I am not a violent person. I do not condone violence. But I cannot for the life of me allow this infuriating scene to happen in front of my eyes. I can never for the life of me allow a Muslim, an agent of شيطان, wreak havoc in a Christian land. No, certainly not in my house.

Porque soy FILIPINO ORGULLOSO, no soy Bobong Pinoy.

Hoy en la Historia de Filipinas: el Catálogo Alfabético de Apellidos

HOY EN LA HISTORIA DE FILIPINAS: 21 de noviembre de 1849 — El Gobernador General Narciso Clavería y Zaldúa (Conde de Manila) decretó la impresión del “Catálogo Alfabético de Apellidos” para asignar y estandarizar los apellidos de los filipinos.

La imagen puede contener: texto

Un mito prevaleciente hoy es que cuando tienes un apellido español, significa automáticamente que tienes un antepasado español. Si bien esto puede ser cierto para algunas pocas familias seleccionadas, esta noción no se puede aplicar a todos los filipinos con apellidos hispanos. Cabe señalar que a lo largo de los tres siglos de dominación española, muy pocos españoles llegaron al archipiélago. De hecho, la mayoría de los españoles que llegaron aquí eran miembros del clero.

Antes de que España creara Filipinas en 24 de junio de 1571, la mayoría de los nativos tenían un solo nombre, generalmente descriptivo de la persona. Durante el resto del período español anterior al lanzamiento del dicho decreto, los filipinos comenzaron a usar cualquier apellido español que se ajustara a su gusto. Los recién cristianizados, por ejemplo, suelen elegir los nombres de los santos para sus apellidos. Incluso hubo miembros de la misma familia que tenían apellidos diferentes, por lo que confundieron el registro del censo, la recaudación de impuestos, y otras formas y medios de gobernancia. Los apellidos de ese entonces ni siquiera se transmitían de padres a hijos, ya que los adultos tenían la libertad de elegir el apellido que quisieran usar para sí mismos; José Rizal era un remanente de esta práctica, aunque se puede argumentar que lo usó en diferentes circunstancias).

Clavería resolvió este problema lanzando un catálogo de 60,662 apellidos españoles y nativos para ser distribuidos en las provincias de todo el archipiélago en orden alfabético. La lista también se amplió con la inclusión de los nombres de lugares, plantas, animales, minerales, rasgos de carácter, e incluso apellidos hispanos de origen chino.

La lista de apellidos se distribuyó de acuerdo con los alcaldes mayores que luego enviaron una parte de la lista a cada cura párroco bajo su jurisdicción provincial. Dependiendo de lo que pensaba que era el número de familias en cada barrio o barangáy, el sacerdote asignó una parte de la lista a la cabeza de barangay (jefe de la aldea) quien luego pidió la ayuda del miembro más mayor de cada familia para elegir un apellido para el resto de los miembros de su familia. Al registrar el apellido elegido, el individuo involucrado así como sus descendientes directos lo utilizarían como un apellido permanente.

Extracto del discurso inaugural del Presidente Aguinaldo

Tuve el raro privilegio de asistir una conferencia de historia en el Palacio de Malacañán, la residencia oficial del presidente de Filipinas, el pasado viernes por la tarde. Después de la conferencia, se nos permitió recorrer el histórico edificio de Kalayaan (palabra tagala para la libertad) que es la parte más antigua del palacio. Este edificio alberga el Presidential Museum and Library (museo y biblioteca presidencial).

PEPE ALAS

Dentro de la biblioteca en el segundo piso, me di cuenta de este retrato de Emilio Aguinaldo, primer presidente de Filipinas, con un mensaje en español. Resulta que es un extracto de su discurso inaugural cuando le declararon como presidente de la Primera República de Filipinas.

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Simplemente no importen los errores tipográficos.

Este discurso fue pronunciado el 23 de enero de 1899 en Malolos, Bulacán, en un momento en que España acaba de perder el control de Filipinas, y los EE.UU. esperaban con ansias codiciosas la adquisición del archipielago. Pero este extracto del discurso inaugural de Aguinaldo muestra su confianza y optimismo que, además de la rebelión contra España, nuestra independencia será reconocida por la comunidad de naciones. En caso de que no puedan leer el texto de la foto de arriba, pueden hacerlo a continuación:

Ya no somos insurrectos, ya no somos revolucionarios, es decir, somos desde hoy republicanos, esto es, hombres de derecho con quienes hermanar todos los demás pueblos, mediante el mutuo respeto y el recíproco cariño. Nada falta, pues, para que podamos ser reconocidos y admitidos como Nación libre e independiente…

Grande es este día; gloriosa es esta fecha; y será eternamente memorable el momento este en que se eleva nuestro amado pueblo a la apoteósis de la Independencia.

Tomen nota que este discurso fue leído principalmente a delegados de habla tagalo pero fue leído en español. ¿Algo no está bien? ¿O algo no está mal? 😉

 

A useless rampage

Back when we were kids, we were taught in school how the U.S. saved us from the Japanese in 1945. We were never told anything about how Manila was obliterated during the so-called “liberation”, how more than a hundred thousand lives were sacrificed, and how useless it all was considering the fact that the Japanese Empire was about to surrender anytime soon.

Recently, the Los Ángeles Times published a book review written by Bob Drogin on a new book about the horrid consequences of World War II in Filipinas. Titled Rampage: MacArthur, Yamashita, and the Battle of Manila, the book in question “focuses in part on the 7,500 or so Americans and others held as prisoners of war or civilian internees in squalid conditions, and their dramatic rescue by U.S. troops”. While many books have already dealt with the subject, Drogin comments that author James M. Scott has added “a heart-rending portrayal of the brutal life” experienced by these POWs. Drogin also notes that the author has broken new ground “by mining war crimes records, after-action military reports and other primary sources for the agonizing testimony of Philippine survivors and witnesses of more than two dozen major Japanese atrocities during the battle — and the ferocious American response”.

"Rampage: MacArthur, Yamashita, and the Battle of Manila" by James M. Scott

To the Filipino history buff, the best part about this book is that Rampage is written not by a fellow Filipino but by a U.S. historian, in fact a 2016 Pulitzer Prize finalist. When the author comments in his book that “it was hard to tell who had done more damage — the Japanese defenders or the American liberators”, it would be difficult to accuse him of historical bias. Nevertheless, his confusion was already answered years ago by Nick Joaquín, the country’s premiere historian and 1976 National Artist for Literature. Joaquín had the privilege of interviewing several survivors of the Battle for Manila, leading him to conclude that it was both “Yank and Jap together that razed Intramuros”. Intramuros here, of course, meant “the original Manila“, the nerve center, the battlefield itself. But Joaquín’s mentioning of Intramuros should not mean that the Walled City’s suburbs (Ermita, Malate, etc.) were excluded from the useless U.S. rampage. As observed by a friend of mine, thousands of lives would not have been lost, and heritage buildings as well as other establishments would have been spared from destruction, had Gen. Douglas MacArthur simply waited for the Japanese to surrender after the bombing of Hiroshima and Nagasaki. It would have certainly led to that end, anyway.

Here’s an excerpt of Drogin’s book review:

It’s hard to imagine that a major month-long battle from World War II — one that devastated a large city, caused more than 100,000 civilian deaths and led to both a historic war crimes trial and a Supreme Court decision — should have escaped scrutiny until now.

But history has somehow overlooked the catastrophic battle for Manila, capital of the Philippines, in the waning months of the war. Like the Rape of Nanking, or the siege of Stalingrad, the tragedy of Manila deserves far greater understanding and reflection today.

James M. Scott remedies that gap with “Rampage: MacArthur, Yamashita, and the Battle of Manila,” the first comprehensive account of one of the darkest chapters of the Pacific War. It is powerful narrative history, one almost too painful to read in places but impossible to put down.

It begins as Gen. Douglas MacArthur, the egotistical military commander of the U.S. colony in the Philippines, was caught woefully unprepared when the war began. Japanese bombers destroyed his planes on the ground and American and Philippine forces were soon overwhelmed. MacArthur famously vowed to return as he was evacuated to Australia.

Three years later, the U.S. Navy had steadily clawed its way back across the Pacific and bombers were already striking Japanese industrial centers. Most commanders saw “no need to risk American lives on a costly invasion of the Philippines” when the fall of Japan appeared imminent, Scott writes.

Read the rest of the review here.

The ruins of Manila after a useless battle. Rampage: MacArthur, Yamashita, and the Battle of Manila can be ordered via amazon.com.